Trump no es un político, porque ni sabe, ni le interesa gobernar un país en beneficio de todxs.
Es un malhechor porque usa el poder en beneficio propio y en perjuicio de los demás, despreciando la legislación nacional e internacional.
Es posible que su país se lo merezca porque hace muchos años que valora el individualismo y la competitividad por encima de la justicia, la cooperación y la solidaridad y, con la Ley del Más Fuerte ganan siempre los ricos, por eso mandan allí los ultrarricos y escasean los servicios públicos y asistenciales con el lema “Si eres pobre, es porque te lo mereces”.
Un país que hasta hace poco se autoproclamaba la cuna de la Democracia, cuando hace dos siglos unos británicos armados estuvieron a punto de acabar con los indios y se inventaron el western como aparato de propaganda para justificar el genocidio.
Trump es un bandido como los que atacaban los poblados indios en el western aprovechando su superior capacidad de fuego, solo que hoy esto lo hace a nivel internacional. Lo estamos viendo en Groenlandia, en Venezuela y lo veremos en más países porque no tiene mentalidad de gobernante, sino de conquistador del siglo XIX.
Y ha originado ya muchas muertes.
