El Presidente de los obispos, bulero mayor

Pocas personas habrá en España que mientan más que Argüello.

Su discurso fundamental se basa en una mentira: la existencia de Dios y que la negación de su existencia se castigará con el infierno, un lugar de horribles tormentos que el Papado se inventó en el siglo XI, para atemorizar al personal y que cotizara por una plaza en el “más allá”.

El infierno tenía un problema: el que entraba, no salía. La Iglesia se inventó poco después el Purgatorio del que se podía salir con rezos y donativos. Esto ya era más rentable, las indulgencias han sido uno de los mayores negocios del Papado.

Todo este cúmulo de insensateces fue fácil de mantener con la Santa Inquisición, pero esa sacra institución también acabó caducando a medida que el nivel cultural de los fieles se iba elevando: las mentiras era difícil mantenerlas salvo desde el Poder. Por eso el Papado se alió con el Estado, en cuanto se fortaleció este: al principio de la Edad Moderna con la Monarquía Absoluta.

El marxismo y las revoluciones burguesas del siglo XIX, pusieron en entredicho las monarquías y el poder Papal que ahora ya sobrevive de los milagros y de grandes campañas de promoción como los viajes Papales. Y del miedo al infierno que ¡sigue atizando!. Una religión sin miedo no parece posible.