Hace unos días nos ha visitado el Jefe del Estado Vaticano, una dictadura como tantas otras de este mundo. La diferencia es que viene a “aconsejarnos” con la “autoridad” del origen divino de su discurso, una cosa un poco llamativa en estos tiempos en que, desde el siglo XIX se defiende el pensamiento científico y por lo que parece, muchas no se han enterado.
Que se le escuche con respeto e incluso con admiración indica la incultura, la ignorancia histórica sobre los crímenes cometidos y/o apoyados por ese Estado en su milenaria historia y el poder que sigue ostentando su “Protectora”: “la derechona internacional” (en tiempos denominada fascismo o similar) en sus diversas formas de manifestarse: dictadura, religión, etc.
Que la institución estatal que representa la Democracia y los Derechos Humanos le acoja y difunda su mensaje de “mandato divino”, disfrazado de buenas intenciones (pocas veces cumplidas), induce a dudar de la credibilidad que merece nuestra institución española.
Y, lamentablemente, en tiempos supuestamente democráticos, la triste y vergonzosa vigencia de la expresión tradicional: “El que manda, manda”.
De esto habla Ander Gutiérrez-Solana (profesor de Derecho Internacional Público (UPV/EHU) en “Un Papa en el Congreso, la anomalía de un Estado que no sabe ser aconfesional en La Marea 9 de junio de 2026.
Totalmente de acuerdo. el que el Papa sea el transcriptor de la palabra divina es igual que la tener la certeza de que vivimos entre extraterrestres.
Una atea orgullosa
¡Bien por la atea orgullosa! A mi me pasa lo mismo, no sé si se me notará mucho
pués yo también soy
atea desde niña y cada vez más radical.