Las fieras no piensan, atacan.
Que un país que se considera la mayor potencia mundial mantenga un personaje así como presidente parece inverosímil, pero si pensamos que en la base de su corta historia está el western, nos puede ayudar a comprenderlo.
Creímos que este género cinematográfico basado en historias mayormente del siglo XIX estaba ya anticuado, caduco, pero, por lo que se ve, está en el ADN de muchos norteamericanos. Que un alto porcentaje sigan armados nos sugiere que para esa gente no pasa el tiempo.
Es cierto que Trump amenaza más que ataca, como corresponde a un matón de colegio, pero que una persona con la capacidad mental que muestra en sus manifestaciones, esté dirigiendo el mayor ejército mundial y tenga a mano el botón nuclear, es para echarse a temblar.
Debe quedar claro para todo el mundo que Trump no es más que el gatillo de un cañón que ya estaba listo, la compuerta por la que un bombardero volando sobre su objetivo suelta su mercancía asesina, o el botón de un panel de mandos que desata el programa para hacer funcionar una maquinaria ya preexistente. Todo lo que Trump está imponiendo al mundo lo pudo hacer en cualquier momento cualquier otro presidente antes de él; la maquinaria del poder estaba ya lista. De hecho todos los presidente de EE.UU. han utilizado ese poder, si bien con menos escándalo y alarma en los medios y tampoco con tanto descaro y fanfarronería, lo que no quiere decir que sus hayan sido menos criminales.
Para limitarnos a Europa: Europa está atada de pies y manos y a merced de la maquinaria yanqui. Eso es lo que han permitido o decidido nuestros gobiernos voluntariamente desde el fin de la 2ª guerra mundial. Y para alguien con las manos y los pies atados no hay mesa de negociación alguna ni está en condiciones de exigir nada. Es innegable que Europa es una colonia del capital gringo; los EE.UU. nos tienen cogidos por el cuello y si no hacemos lo que quieren no tienen más que apretar un poco más para que cambiemos de opinión. Se podría pensar que haber caído en esta trampa se debe a la ingenuidad de nuestros gobernantes, pero eso no es creíble; tan tonto no son. Otra posibilidad es cobardía; pero esto tampoco es del todo creíble, porque han tenido tiempo más que suficiente para planear un escape a la sumisión y dependencia de sus respectivos países. Yo me inclino por traición, traición a los pueblos que se supone representa. Lo pienso porque nuestros gobiernos y grandes empresas están en el mismo club que los capitalistas yanquis e internacionales; es decir, se sienten más cómodos estando más cerca de esas élites que de sus respectivos pueblos. La guerra de clase que se silencia en los medios está siendo librada con feroces ataques -y victorias- del capital sobre el pueblo llano. Quien quiera ver, que mire bien.