Un país insufrible
“La dama del mar”. Ibsen en el matadero o como hacer un montaje teatral posmodernoCójase un texto dramático de un autor consagrado, preferentemente muerto para que no pueda protestar.
Encárguese su adaptación a una escritora consagrada, preferentemente a punto de morir (si no puede ser muerta) para que no pueda protestar.
Contrátese a un director posmoderno extranjero, aunque no sea muy conocido en este país, basta con que sea “reconocido” por algunos artistas posmodernos de por aquí.
Añádase un músico del mismo perfil del director y un “artista” de la moda (fashion) como, por ejemplo, Armani para diseñar el vestuario.
Estos elementos serán suficientes para, si se conoce a algunos cargos públicos (concejales o similar) posmodernos, se consiga la financiación.
Disponiendo ya de todos estos elementos pasemos a elaborar el producto. Para los que no saben mucho de cocina, lo explicaré sencillamente: vamos a suponer que la representación teatral es una nuez. En tal caso, se abre la nuez con sumo cuidado para que no se dañe la cáscara, se tira el fruto y se colorea con primor su parte externa que es lo que se va a consumir.
Es decir, se deshace uno del texto (tanto del de Ibsen como del de Sontag) y sobre todo de las ideas, por el sencillo método de lograr de los actores (algunos tendrán que ser de renombre, eso sí) una interpretación como de muñecos de madera que hablan distorsionando su voz y haciendo el texto ininteligible en muchas ocasiones, pero simulando que cantan a ratos, porque esto da un aroma de ópera que queda fashion. Arrópese todo ello con una bonita escenografía, basada en proyecciones (por supuesto) y en una estructura minimalista (ya el espectador se encargará de reconstruir mentalmente los espacios en los que se mueven los personajes y si no lo consigue que le zurzan por no estar a la altura de las circunstancias), además de una refinada y sorprendente iluminación que haga cambiar de color a los personajes (verdes, blancos, negros, etc.). Se consigue así una de las tendencias más existosas del teatro posmoderno: el espectáculo autista.
Es imprescindible un programa de mano de modernísimo diseño (no hace falta que sea manejable) en el que tampoco es necesario hablar ni del autor ni de la obra; pero sí de la famosa adaptadora, del supuestamente famoso músico que no ha hecho una música sino un “paisaje sonoro”; del conocidísimo modisto Giorgio Armani y, sobre todo, del afamado director extranjero y la industria cultural por él creada, además del agradecimiento a ciento y pico empresas y fundaciones como “The Giorgio Armani Corporation”, “Montres Rolex S.A.”, “Philipppine de Rothchild”, “Bacardi USA Inc.”, “The Soros Family”, etc. que son realmente quienes avalan la calidad del producto.
El espacio (antiguo matadero municipal) creo que es muy adecuado. Aunque no es muy cómodo, tiene un enorme bar y resulta muy oportuno para la ejecución del autor noruego.
Se salieron muy pocos espectadores durante la representación, aunque hay que reconocer que, al ser el estreno, estaríamos invitados casi todos y que tampoco dieron facilidades porque no hubo descanso (sospecho que por ahí va la tendencia actual de no hacer interrupciones). Se aconseja ir provisto de almohadilla cervical para amortiguar los cabezazos indeseados durante la función.
La política teatral del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid, que tiene en cartel cuatro espectáculos de autores extranjeros (“El hombre almohada” de Martin McDnagh, “Las cuñadas” de Michel Tremblay, “La dama del mar” de Ibsen/Sontag y “La señorita Julia” de Strindberg), no todos imprescindibles, nos hace pensar que quizá el Excmo. Sr. Alcalde nos tendría más en cuenta a los madrileños si fuésemos extranjeros (tampoco hay que ser como los catalanes, pero ¿habrá un término medio?); de hecho, ya somos bastantes los que, tal como va esto, nos gustaría vivir en cualquier otra parte.
Nota. Le agradezco al Teatro Español la invitación a esta curiosa experiencia, porque si llego a pagar la entrada el cabreo hubiese sido monumental.
*************************************************
Un Gobierno que promete
El presidente del Gobierno y todos sus ministros acaban de prometer sus cargos, en el palacio de la Zarzuela, ante el Rey (como manda la Constitución) y ante un crucifijo y su correspondiente biblia. Este acto, en un país aconfesional, resulta inconstitucional y no le encuentro explicación.
¿Es que toda esta gente no se puede quitar de la cabeza las tomas de posesión de los gobiernos franquistas? ¿Es que no les gusta la Constitución? ¿Es que la Casa Real no se entera de lo que pasa? Porque las tomas de posesión de los cargos inferiores en los distintos ministerios no han tenido estos “testigos”.
A uno le cuesta admitir la monarquía y la presidencia de un Borbón (familia que ya fue expulsada varias veces de España y que la derecha siempre se empeña - y lo consigue- en instaurar, restaurar o ambas cosas) y se le revuelven las tripas cuando ve a este señor, en visita oficial, rindiendo pleitesía ante el jefe del Estado Vaticano; pero en el caso, poco probable, de que esto lo haya impuesto el anfitrión, los ministros y su jefe no quedan justificados de ninguna manera; porque igual que pactan otras cosas con la Casa Real, podrían haber negociado esto.
El PSOE, que por una parte se pronuncia a favor de una sociedad laica y por otra no se atreve a modificar la Ley del Aborto, la financiación de la Iglesia y ni a mencionar la eutanasia, hace tiempo que, como signo de modernez, estableció la fórmula de “prometer” en vez de “jurar”, pero ésto, como muchas otras cosas, no es más que un juego semántico cuando se hace ante el crucifijo y la biblia.
Ya que en este modelo de sociedad que se han montado unos cuantos, uno de los grandes valores que se proponen (otra cosa es que pongan los medios necesarios para ello) es la convivencia; y tratando de hacer una crítica constructiva, por el bien de todos, como es mi estilo (no confundir con talante), le ofrezco a la Casa Real una solución para la próxima ocasión: varias mesitas, una con la Constitución para los que “prometen” y otras con una biblia y un crucifijo, una media luna y el Coran , y el candelabro de los siete brazos y la torah, para los que quieran jurar en cristiano, en musulmán o en arameo.
En este mundo audiovisual en que vivimos, no estaría de más que, asociado a estas mesitas de jurar, hubiera un sencillo artilugio con un sensor para que, al terminar el juramento, sonara una música y se proyectase un rayo de luz cenital sobre el personaje para representar el beneplácito del Altísimo. Así se visualizaría, que efectivamente, esos cargos lo son “por la gracia de Dios”, como siempre.
Esto permitiría, además, hacer apuestas sobre a qué saco de votos se va a dirigir para jurar cada nuevo cargo. Seguro que alguno querrá jurar en todas.
De nada, Majestad.
Puestos a pedir, tampoco es imprescindible que el curso parlamentario comience con un desfile militar.
************************************************
El triunfo del bipartidismo es la derrota de la democracia
En España, la Ley Electoral y los medios de comunicación se encargan de que la célebre ecuación un hombre = un voto se convierta en una burla para los de siempre; porque no valen lo mismo todos los votos; vale mucho más un voto soriano que uno madrileño y valen mucho más los votos del PSOE y del PP que los de los partidos minoritarios.
En la carrera electoral no salen todos de la misma línea, unos salen con grandes espacios electorales en los medios y otros con pequeños. Tampoco es similar la potencia de sus motores: unos van en coche y otros en bicicleta, de eso se encargan los bancos que administran los créditos.
¿Por qué nos marginan en el sistema electoral a los que estamos en contra del bipartidismo? ¿De qué me sirve votar si el sistema se encarga de convertir en inútil mi voto? ¿Cómo puede ser que a Izquierda Unida sólo le haya servido para conseguir escaños un voto de cada tres?
La Ley electoral sólo se podrá cambiar con la voluntad de los dos partidos mayoritarios, que son los más beneficiados en esta estafa. Es probable que no quieran cambiarla, pero mientras yo no vea en este país una Ley Electoral limpiamente proporcional, con circunscripción única y con listas abiertas, nadie me va a convencer de que esto es una Democracia y que dichos partidos son democráticos, por mucho que me quieran comer el coco los medios de comunicación comerciales con sus estomagantes campañas de intoxicación ciudadana.
Y el Senado con voto mayoritario, menos mal que es un organismo inútil.
Va a tener razón el que dijo que estaba todo atado y bien atado.
***********************************
Consume política hasta morir
El PP y el PSOE han contado para esta campaña electoral con 20 millones de euros cada uno. Esto es gasto público que se justifica como información al ciudadano.
¿Nos ha resultado interesante la información? En esta wiki se analiza la campaña de publicidad electoral 2008