Han pasado 50 años. Creímos que habíamos salido indemnes del franquismo, pero no. La dictadura causó heridas que quizá no cierren nunca.
Un amigo, que como hijo de Guardia Civil estaba haciendo la mili en el Cuerpo, estaba aterrorizado pensando que le podía tocar el pelotón de fusilamiento, al final “solo” le tocó controlar la ruta de la caravana de los condenados.
Han pasado 50 años y, esa semana que fue una de las peores de mi vida, vuelve con mucho dolor. Y, en ese momento, no militaba en ningún partido. En la magnífica y necesaria, serie de TV sobre los abogados de Atocha, hay un plano que no consigo olvidar: Una muchedumbre espera frente a un cuartel de la Guardia Civil, suenan unos disparos y comienza la canción de Aute, no se ve más que eso, pero causa dolor y llanto.
Franco, como todo criminal que se precie, murió matando y quizá descansó, pero a muchos de los que tenemos cierta edad nos marcó para toda la vida. Dormir en el sótano de la Puerta del Sol fue una anécdota, casi una aventura. Los fusilamientos no me los puedo quitar de encima.
Tratemos de que salvajadas como esa no se repitan nunca.