TVE, manipulación informativa

El PP, además de ser el partido más corrupto, domina la Justicia impidiendo la reforma del Consejo del Poder Judicial; es el preferido de las empresas del IBEX y, por lo que se ve, domina también los informativos de la televisión pública -además de las privadas, como manda la banca-, aún cuando no gobierna, a juzgar por los tiempos dedicados en los telediarios, de ayer lunes 5, a los distintos partidos, en relación con la precampaña electoral de la Comunidad de Madrid, según análisis de CCOORTVE.

Llama la atención el 31% del tiempo dedicado al PP, el 24% a VOX y el 19% al PSOE que no guardan ninguna relación con la presencia parlamentaria de estos partidos en dicha Comunidad. Recordemos que las últimas elecciones regionales de Madrid las ganó el PSOE.

Pero resulta escandaloso el 3% que le dedicó a Unidas Podemos representado por el ex-vicepresidente del gobierno, que protagonizó uno de sus principales actos de campaña en un Colegio Público de Getafe, quizá fue por eso.

El nuevo Presidente del ente público RTVE, Sr. Pérez-Tornero, haría bien en cambiar cuanto antes al responsable de este escándalo, Sr. Enric Hernández, porque este nivel de manipulación es el que ha ejecutado siempre el PP durante sus gobiernos con el resultado de desplome de sus audiencias e incluso de condenas judiciales como la del Sr. Urdaci en tiempos de Aznar.

Parecida estrategia estamos viendo en el informativo de RNE de Ana Sterling del que ya hemos hablado varias veces en este blog.

La manipulación informativa de los medios públicos no sería aceptada en una democracia plena.

Una experiencia de vacunación

Hace unos días recibí una llamada telefónica de la Consejería de Sanidad para fijar mi horario de vacuna para hoy en el Zendal.

He salido con tiempo, porque no conozco la zona, y me ha costado encontrarlo porque no viene en algunos mapas de Google y las calles Fuerzas Armadas y Manuel Fraga Iribarne no me sonaban. Con toda la literatura que ha tenido este supuesto hospital, antes candidato a Ciudad de la Justicia, y con los miles de personas que estamos pasando por allí estos días, pensaba que estaría bien señalizado y me llamó la atención que no tuviera acceso por transporte público. Tampoco estaba señalizado. La primera señal la encontré ya cerca del “mas allá”, tras preguntar al conserje de una “industria” de la zona.

Como salí con bastante antelación, a pesar de algunas vueltas, llegué 20 minutos antes de mi cita y encontré una cola que casi rodeaba el hospital. También es cierto que tuve algún problema para encontrar aparcamiento.

Me puse en la cola y unos metros antes de la puerta me pidieron el DNI y la tarjeta de salud, se lo mostré y me dejaron pasar sin cotejar si estaba citado. Sería por si era negro y sin papeles (?).

Ya dentro del recinto seguía la cola, a modo de procesión, por pasillos laberínticos de paneles provisionales -allí “de obra” sólo parece haber el cascarón- y, como duró bastante el recorrido, pude comprobar, con cierta alarma, que aquello no tenía ninguna pinta de hospital, más bien parecía un almacén improvisado. Los paneles de separación de habitáculos, como en las chozas cubanas, tienen como dos metros y medio de altura y no llegan al techo -será para que corra el aire como en los países tropicales-. Pensé que si enfermaba y me llevaban allí, lo podía dar todo por perdido.

Tras procesionar por varios pasillos llegamos a un punto en que nos dijeron que nos quitásemos abrigos y chaquetas y luego nos indicaron que nos sentásemos en unos habitáculos abiertos al pasillo donde había sillones. En otros del mismo tamaño -clausurados con una cinta que ponía “Ferrovial servicios”- había seis camas con enchufes y conexiones, pareciendo indicar que podrían “servir” como habitaciones. Pensar que estando enfermo te podían colocar ahí, en “pandilla” y con vistas al pasillo, no ayudaba a mantener el ánimo.

Menos mal que, cuando nos sentamos en los sillones que nos indicaron, una amable enfermera nos pinchó limpiamente y sin dolor, de cuatro en cuatro, y nos indicó los síntomas que podía provocar la Moderna y que tomásemos Paracetamol, cada 8 horas, si teníamos molestias.

A continuación, pasamos a “registro unificado de vacunación” y tras “cantar” el número del DNI nos dieron un “informe de vacunación” donde se acredita la fecha de ésta y se nos recuerda que tiene dos dosis y que se nos citará “tras un periodo aproximado de 28 días”.

El personal, tanto el sanitario como el administrativo, muy amable.

Me extrañó que no se tuvo en cuenta la hora de cita y tuve la sensación de que cualquiera puede ir cuando le parezca porque hasta la llegada al “registro”, no se preocuparon por mi nombre. Más me extrañó la casi inexistente señalización para llegar a este nuevo y supuesto “hospital” y pensé que el que no tenga coche va jodido, porque allí sólo se llega en coche. Si que había una larguísima fila de taxis. Y bastante lejos una estación de tren de cercanías. Claro que es sabido que la Presidenta no es muy partidaria del transporte público.

Estos días pasarán por allí miles de personas y no creo que sea buena propaganda para el monumento, porque mucha gente pensará que si enferma y lo meten en ese almacén, será para salir empaquetado.

De la Información a la Manipulación

¿Nos parecería bien que, en aras de la libertad de empresa, un productor de chucherías infantiles vendiese en la puerta de los colegios caramelos que creasen adicción al alcohol, al café o a cualquier otra sustancia de consumo nocivo, sin advertir de su peligro? Y, sobre todo, ¿admitiríamos que siguiera haciéndolo si eso estuviera prohibido por la ley?

¿Por qué, entonces, consentimos en España que otra industria, la audiovisual, pueda emitir cualquier tipo de contenido, conociendo el impacto tan grande que sus medios tienen sobre nuestras mentes y si, además, hay leyes que lo prohíben?

Con estas preguntas comienza un interesante artículo, en Ctxt, de Emelina Fdez. Soriano y Juan Torres López, catedráticos de Comunicación AV y Economía Aplicada de las universidades de Málaga y Sevilla, titulado “¿Dejamos sin controlar a quien controla nuestra mente?”, en el que denuncian que España es el único país europeo que carece de un consejo independiente para garantizar que los contenidos de los medios de difusión cumplen las leyes y penalizarlos si no lo hacen. Organismo que existe en EEUU desde 1934, en Alemania desde 1987 y en Francia desde 1989.

También denuncian que aquí se ha atribuído esa función a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), como si fuera un problema de libertad de las empresas, cuando lo es de derechos de la ciudadanía.

No es habitual encontrar equipos de análisis de medios de difusión formados por expertos en Comunicación Audivisual y Economía cuando parece lo más lógico, ya que estos medios funcionan como empresas y esta colaboración está resultando muy eficaz en sus análisis y denuncias como ya vimos en otro de sus artículos en este mismo medio titulado «La mentira como industria y estrategia en la era digital«, en el que ponen en evidencia la proliferación de la mentira en dichos medios supuestamente informativos.