Las crisis de Podemos

Pablo Iglesias reconoce que los resultados electorales han sido malos y que es necesaria la autocrítica, pero parece que no por su parte.

Espinar hace un magnífico análisis del fracaso de Podemos y Noelia Vera -portavoz de Iglesias- responde diciendo que la directiva de Podemos tiene cosas más importantes que hacer: negociar con Sánchez.

Iglesias y Casado tienen el mismo problema: el fracaso de sus políticas y buscan las mismas soluciones: cargos para conservar poder.

Esta similitud confirma que el hiperliderazgo de Iglesias ha convertido un movimiento social en un partido a la antigua. En 2015 consiguió hacer grandes alianzas para aumentar la base social de su movimiento y eso supuso un triunfo electoral. Pero su intransigencia –Podemos no negocia, impone sus condiciones- ha conseguido la disolución de la alianza con las mareas y la explosión de Podemos. Errejón y los demás se fueron porque Iglesias pensó que era el único imprescindible.

Espinar publica su análisis en eldiario.es y la portavoz le contesta que no es conveniente difundir en los medios sus discrepanacias, pero Iglesias es uno de los líderes con más exposición en los medios ¿Podemos quiere tener una sola voz?

El personalismo de Iglesias es similar al de Carmena -el programa electoral es simplemente una referencia- y los personalismos políticos son más propios de las dictaduras que de la democracia.

Iglesias debería haber dimitido cuando se fugó Errejón. Esta jugada fue sucia porque lo hizo en el último momento, cuando ya no quedaba tiempo para rectificar el enfoque de las inmediatas elecciones, pero Iglesias tenía que haberlo previsto y haberlo evitado. No fue capaz.

Podemos es necesario, Iglesias no. Iglesias es ya un problema, no una solución para Podemos y para la izquierda en general.

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