Teatro Político

Se ha dicho muchas veces que todo el teatro es político. Sobre todo por parte de la izquierda porque la derecha niega la política. Como decía Franco: haz como yo, no te metas en política.

Ayer vi en el Mª Guerrero “Islandia”. Una obra de la catalana Luïsa Cunillé en que un adolescente islandés va a EEUU en busca de su madre en los primeros momentos de la crisis bancaria y se encuentra con varios personajes que tratan de sobrevivir en el naufragio. Me pareció un coñazo insoportable de casi dos horas.

Hoy en la crónica de El País, Raquel Vidales lo justifica como la exposición de algo terrible que ya pasó pero que puede volver a pasar. Esta explicación es la que corresponde al discurso del PP y los banqueros. La crisis ya pasó. Pero muchos españoles sabemos que los desahucios continúan, que la sanidad, la educación y los servicios sociales siguen teniendo recortes y, sobre todo, que la pérdida de derechos de los trabajadores que ha causado la Reforma Laboral tiene como consecuencia que tener un empleo ya no garantiza mantener una vida digna.

No entiendo que una catalana, para hablar de la crisis, tenga que elegir a un adolescente islandés que se enfrenta con la crisis en EEUU. Ese es el modelo del teatro en tiempos de Franco. La crítica social se hacía con argumentos que ocurrían en otros países, porque en España eso no estaba permitido.

La crisis en EEUU, en Islandia y en España, han tenido características bastante diferentes aunque las consecuencias hayan sido las mismas: el fortalecimiento de las élites financieras.

En el Teatro del Barrio, se habla de la crisis/estafa en España. En el Centro Dramático Nacional y en El País se sigue hablando de las crisis en el extranjero.

En muchos aspectos, los modelos franquistas siguen vigentes.

¿Periodismo mercenario?

El 17 de mayo pasado aparecía en Público una columna del profesor Vicenç Navarro con el título Lo que se está ocultando a los usuarios de los móviles: su salud puede peligrar”, en la que se denunciaba la manipulación de las empresas de móviles para ocultar los peligros para la salud que implica su uso y que están apareciendo en numerosos artículos de revistas científicas.

Dieciocho días después, en el mismo diario aparece un agresivo artículo titulado “Compromiso con la verdad. Respuesta a Vicenç Navarro sobre el peligro de los móviles”, firmado por Álvaro Bayón Medrano, un joven que en su blog se autotitula “Apasionado científico y dedicado divulgador desde incluso antes de licenciarse”, mientras hace su tesis doctoral en Doñana.

En dicho artículo dedica mas de dos tercios a conceptos y términos de física relacionados con el electromagnetismo, que unos vienen a cuento y otros menos, para acabar citando a la cada vez mas desacreditada OMS y asegurar que “Podría continuar mostrando estudios científicos que demuestran que la mal llamada “sensibilidad electromagnética” responde, no a un efecto real de las radiaciones de telefonía, sino a una falsa percepción de un riesgo que en realidad no existe”. Es posible que a los afectados por dicha enfermedad no les guste que les llamen enfermos imaginarios, como tampoco le ha gustado al profesor Navarro, que además de economista es médico, que este “apasionado científico” le titule “politólogo de turno” y trate de desacreditar su articulo mucho más documentado que el suyo.

El profesor Navarro publica hoy mismo un nuevo artículo : Respuesta al dogma conservador que afirma que los móviles nunca pueden ser un riesgo a la salud” donde rebate sus argumentos y pone las cosas en su sitio basándose en publicaciones científicas.

Para los que seguimos asiduamente en Público la columna del profesor, nos resulta chocante que un periódico serio publique un artículo en el que sin suficiente documentación científica se pone a parir a una persona que se caracteriza por el rigor de sus escritos.

En este mismo diario publicaba Pascual Serrano hace unos días, otro artículo en el que se preguntaba ¿Quién paga al periodista?. Habrá que confiar en que Público ha pagado a Álvaro Bayón y en que ninguno de los dos ha recibido el “agradecimiento” de alguna empresa de móviles, pero hay veces que uno ya se cansa de tanto confiar.

¿Una nueva era?

El nuevo gobierno de Pedro Sánchez parece que quiere completar la legislatura y continuar en la siguiente. La ruptura del bipartidismo ha quedado en entredicho porque Ciudadanos se ha hundido y veremos si Podemos avanza tras su protagonismo en la moción de censura.

En todo caso, han habido otros cambios tan importantes como estos en el terreno empresarial.

Hace unos meses que salió Alierta de la dirección de Telefónica. La principal empresa española (junto con el Banco Santander), fue privatizada por Aznar que colocó a su primer presidente y tanto él como Alierta estaban sirviendo de paraguas a los gobiernos del PP y a la Corona. Colocó a Urdangarín en EEUU cuando empezó a tener problemas. Recogió a Rodrigo Rato cuando fue despedido de Bankia … La nueva dirección ha podido cambiar sus criterios empresariales porque ha cesado a Zaplana en cuanto ha sido imputado.

Hace poco tiempo ha cesado Juan Luis Cebrián como mandamás de PRISA y, además de que, en la SER, Pepa Bueno estaba hoy más contenta que unas castañuelas y el sermón de Gabilondo elogiara al nuevo gobierno, ayer sustituyeron en la dirección de El País al derechista Caño por la progresista Soledad Gallego-Díaz lo que parece indicar una vuelta al posicionamiento proPSOE.

Además, el PP ha desbloqueado la renovación de RTVE y, si hay suerte, podría volver a ser la TV pluralista que fue con Zapatero. ¿Volverá el modelo de informativos Fran Llorente que consiguió tantos premios internacionales?

Los vientos soplan a favor de Pedro Sánchez. Veremos qué rumbos elige y qué papel juegan las fuerzas oscuras del PSOE, porque el fuego amigo puede ser letal.

PSOE ¿última oportunidad?

Los avatares de la política (y la economía), que mantienen hace tiempo al PSOE en caída lenta pero segura en intención de voto, hacen que pueda volver al gobierno sin necesidad de elecciones, liderado por el que llegó a la presidencia del partido con el “No es No” y pronto lo cambió por el “No pero Si”, quizá siguiendo el ejemplo de Felipe González cuando llegó con “OTAN, de entrada no” y luego lo cambió por Javier Solana para Secretario General de la misma. Lo cierto es que, en plena crisis del bipartidismo, al PP lo vuelve a suceder el PSOE, lo que parece indicar que todo está bien atado.

¿Qué hará el resucitado Pedro Sánchez? ¿Volverá a aceptar los consejos de los mandarines que encaminan a la Gran Coalición? ¿O dirigirá el rumbo a la socialdemocracia que le piden sus bases?

Con el régimen del 78 agonizando por la putrefacción de las instituciones, no le vamos a pedir a este gobierno provisional que ponga las bases de uno nuevo que requerirá de grandes consensos y negociaciones, pero sí un programa de mínimos imprescindibles para que tanto él como las instituciones empiecen a tener credibilidad.

Lo urgente, es:

– Una reforma de la Ley Electoral que la haga más proporcional para que las elecciones no sigan siendo un timo.

-Derogación de las leyes mordaza para que esto se parezca más a una Democracia.

-Derogar las reformas laborales para que los asalariados recuperen los derechos sindicales que los gobiernos y los sindicatos les han quitado.

-Indexar los salarios y las pensiones al Indice de Precios al Consumo para que deje de crecer el número de españoles pobres.

-Una ley de derechos mínimos que impida los desahucios y los cortes por impago de agua, gas y electricidad.

Para conseguir estas medidas urgentes, la izquierda debería colaborar con el Congreso y La Moncloa, exigiéndolo desde la calle, porque estos poderes padecen sordera crónica que les impide escuchar las necesidades de los españoles. Cuando los sindicatos fueron a Roosevelt a pedirle mayores salarios para superar la crisis, él les dijo: “De acuerdo, pero ayúdenme pidiéndomelo desde la calle”.

Mas adelante, tras las elecciones y con un nuevo gobierno, ya podremos hablar de una reforma de la Constitución, de una reforma del sistema impositivo para que sea más justo y paguen también los ricos y las grandes empresas, de una reforma del Poder Judicial para que haya una justicia para todos, etc. Las reformas necesarias para impedir la corrupción y volver a estándares democráticos, al menos, como los de los años 80.

¿Es mucho pedir?