La batalla del relato

Tradicionalmente la historia la escribieron los vencedores. La Inquisición española fue abolida por Napoleón en 1808 e instaurada por Fernando VII en 1814. Fue definitivamente abolida en 1834 y actualmente sólo queda el “imprimatur eclesiástico” para textos religiosos cuyo último decreto data de 1975.

La censura, propia de dictaduras, trata de controlar el discurso dominante que con el neoliberalismo se ha llamado “pensamiento único”. Ahora se aplica otro tipo de censura basada en “intereses empresariales” que es la que utilizan los grandes medios de comunicación para defender los intereses de sus grandes accionistas (hace 15 años, el 80% de los medios de comunicación franceses estaban en manos de dos grandes empresas armamentísticas, no creo que esto haya cambiado).

La disolución de ETA ha puesto en evidencia la necesidad del Poder de “controlar el relato”, es decir que la “historia de ETA” la vuelvan a escribir los vencedores con la estrategia manipulativa de los modernos mass-media, reduciendo ETA a sus condenables asesinatos y ocultando sus razones y, dentro de lo posible, el terrorismo de Estado de la guerra sucia.

Al neoliberalismo o capitalismo salvaje, con sus políticas injustas que está robando a las clases medias para dárselo a los más ricos, no le basta con su aparato represivo, que es enorme. Para ocultar las razones de sus víctimas, ha comprado su armada mediática para tratar de imponer su discurso como hegemónico y convencernos de que sus robos a nuestras formas de vida son la única alternativa.

Ya que sus políticas son injustas, tienen que controlar cómo se “justifican” para convencernos de que son imprescindibles. Es el relato de los vencedores.

Lo llaman Democracia y no lo es. Democracia y Capitalismo salvaje no son compatibles.

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