¿Progreso? ¿Democracia?

Este enero se han cumplido 170 años de la publicación del Manifiesto Comunista. El desarrollo de la industria, que supuso un gran avance tecnológico y económico tuvo unos beneficiarios: la burguesía y unos damnificados: la clase obrera que, trabajando en régimen de esclavismo sin distinción de edad ni sexo (en 1841 se prohibió en Francia el trabajo a menores de 8 años), se comenzó a organizar formando partidos comunistas en varios países europeos.

En enero de 1848 Marx y Engels publicaron el Manifiesto Comunista como programa político para tales partidos con diez puntos básicos:

1. Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.

2. Fuerte impuesto progresivo.

3. Abolición del derecho de herencia.

4. Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.

5. Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.

6. Nacionalización de los transportes.

7. Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.

8. Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.

9. Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.

10. Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual. Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.

Como se puede ver, casi ninguna de estas reivindicaciones se han resuelto en 170 años y las condiciones laborales están volviendo a ser como las del siglo XIX.

Una magnífica película alemana plantea estos días, en las pantallas de los cines españoles, la problemática de aquellos años: “El joven Karl Marx” (Raoul Peck, 2017). Pero ningún gran medio ha celebrado este aniversario, lo que es lógico ya que la burguesía se ha transformado en mafias financieras que controlan los medios de comunicación convertidos en medios de propaganda.

Al mes siguiente de la publicación del Manifiesto estalló la Revolución de 1848.

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