Dios ha muerto

Estaban terminando los terribles 70, tras un decenio de fusilamientos, atentados de ultraderecha, enfermedades mortales de un dictador que parecía inmortal y una democracia que nacía tan débil que ni parecía democracia. Muchos ni se dieron cuenta de ese nacimiento a pesar de que los periódicos no hablaban de otra cosa, pero ¿quién se creía los periódicos?

Pues de la misma manera extraña que nació la democracia apareció en la Cava Baja un antro compuesto de bar y sótano con un título inquietante: La Mandrágora. Ese sótano resultó ser otro mundo. Una pequeña cueva donde cada día de la semana se cumplía un rito diferente. Yo quedé enganchado a dos: la magia de Tamariz y las canciones de tres cantantes bastante malos, con estilos completamente dispares, que perpetraban canciones antiguas como Brassens o La ovejita lucera y nuevas como La Hoguera y Pongamos que hablo de Madrid, con acompañamiento de guitarra y kazoo.

Aquel despropósito, que duró cuatro años, era un oasis en la dura crisis política, social y económica que dió a luz al engendro democrático. Aquello era una mezcla de realidad y ficción. Como el que echaba las cartas con una serpiente dorada enrollada en su cintura, casi siempre por dentro de la camisa. En aquel paraíso, ellos ponían la realidad que querían y nosotros colgábamos de ella la ficción de nuestras aspiraciones.

Aquello duró cuatro años y luego vino el desencanto que ellos siguieron protagonizando: Krahe expulsado de televisiones y fiestas municipales socialistas por atentar contra Felipe González con la canción contra la OTAN Cuervo ingénuo y Sabina, tras años de izquierda insumisa, abrazando a Gallardón. Fue hermoso mientras duró y a los dos les debo enormes placeres asociados a sus canciones.

Javier Krahe, insumiso hasta el final, ha muerto en Zahara de los Atunes y hoy yo me siento como Groucho: “Dios ha muerto, Nietzsche también y yo no me encuentro muy bien”.

Gracias Krahe por haber sido hasta la muerte un magnífico cuervo ingénuo. Descansa en paz, pero te invocaremos con frecuencia.

3 pensamientos en “Dios ha muerto”

  1. Él, por lo menos, vivió su vida, por corta que haya sido para nosotros, que siempre quisimos más de él. Mi pena, lágrimas y agradecimiento a Javier Krahe.

  2. Tenemos que crear las condiciones para que hombres como Javier Krahe no sean bichos raros en nuestra sociedad. Necesitamos a muchos como él. Especialmente ahora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*