El teatro y la vida

Desde hace años, en esta cultura de masas se habla de la política y de otros aspectos sociales con argot teatral. Los gobernantes que quieren parecer cultos, para expresar que hay varias posibilidades, dicen que hay diferentes escenarios y el uso de estos términos desvela muchas más cosas de las que dicen y de las que se nota que no son conscientes.

Porque el teatro es una “representación” de la realidad que permite cambiarla, adulterarla, tergiversarla y, unas pocas veces, profundizar en ella. “Escenario”, “representación” y otros términos teatrales son posibilidades de mostrar los aspectos de la realidad que te interesan obviando los que te resultan molestos. En el escenario del periódico sólo aparecen las noticias que le interesan a los accionistas con el enfoque que les beneficia. Es su representación de la realidad. En la televisión esto se lleva al extremo.

Este es el escenario de la sociedad de mercado, en el que se reflejan como en los espejos del callejón del gato tantos aspectos de la realidad distorsionados. Y este tipo de sociedad, que acapara todos los medios disponibles, invade todas las esferas de nuestra vida, trata de hacernos vanales para debilitarnos y acaba haciendo vanal al propio teatro.

Menos mal que hay excepciones, gente que se niega a participar en este juego. Algunas de las muchas salas pequeñas de teatro que han aparecido en Madrid están en esta línea. El Teatro del Barrio y la Sala Mirador han tomado como lema “Si el Parlamento se ha convertido en un teatro, el Teatro tiene que ser un Parlamento”. Otras salas, sin un compromiso político tan explícito mantienen un nivel de exigencia profesional que les coloca en vías similares hacia el mismo destino.

En La Cuarta Pared están poniendo una obra “La mirada del otro”, de unas autoras “desconocidas”, con dos mesas, tres banquetas, algunas luces y tres actores (el Arte no es cuestión de dinero) que produce emoción, algo que pocas veces ocurre en el teatro. Pero habla de la vida real, de problemas muy importantes y lo hace con profesionalidad y honestidad. Habla de la tragedia del terrorismo vasco, del encuentro de un terrorista con la hija de su víctima y lo hace con datos tomados de la realidad; con diálogos inspirados en los verdaderos diálogos que han tenido esos encuentros.

En algunas de estas salas OFF de Madrid se está haciendo un teatro basado en la realidad. Así “Ruz – Bárcenas” con los diálogos textuales del interrogatorio, así “Invisibles” de Juan Diego Boto que consiguió un montón de premios en los Max del año pasado. El público consciente agradece y acude a estas oportunidades de reflexionar sobre la realidad.

Cuando el Arte y la Vida coinciden es cuando el Arte vale la pena. “La mirada del otro” se merece varios Max.

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