Telefónica. La eficiencia de la primera empresa española

En los últimos meses, Telefónica me ha insistido repetidamente para que cambie de ADSL a fibra óptica. Como las condiciones económicas no me interesaban y el ADSL me resultaba suficiente, me negué a aceptarlo.

En los últimos tiempos, mi ADSL perdió velocidad de manera constante. El día que le hice un test me dió 6,7 Mbps, cuando tenía contratadas “hasta 10”. En vista de esta presión por parte de la empresa, negocié el cambio a fibra óptica.

El 20 de febrero vino un técnico de una contrata y tras dos horas de trabajo, en las que tuve que ayudarle porque una persona sola no lo podía hacer, consiguió que la fibra óptica llegara hasta el piso inferior al mío, pero sin señal telefónica. La contrata que había hecho la instalación anterior en el garaje, había puesto el cajetín en un lugar seguro pero muy poco accesible para los técnicos y además no le llegaba la señal. Esa misma tarde, vinieron dos técnicos de la contrata que había puesto la instalación general y teóricamente restauraron la señal.

Ayer, volvió el técnico del primer día y tras seis horas de lucha con los elementos y con ayuda mía para algunas de las tareas y con la de otro compañero que tuvo que llamar, hizo la instalación hasta mi ordenador, pero del cajetín del garaje seguía sin llegar señal. Tendrá que volver la contrata de la instalación del garaje y después el técnico que ya casi es como de mi familia.

Conclusiones:

Cuando una empresas subcontrata parte de sus funciones con diferentes empresas y sin garantía de calidad en el servicio, ni coordinación entre las diferentes contratas, seguramente que esos trabajos le ahorrarán muchos costes que pasarán a beneficios, pero eso es a costa de pérdida de calidad en el servicio y de molestias para el cliente.

En el capitalismo salvaje, lo más importante es la obtención de beneficios para los gestores y los accionistas, la calidad en el servicio y la satisfacción del cliente se convierten en materia para la propaganda.

El control del mercado por un número pequeño de grandes empresas que compran a los políticos (Zaplana “trabaja” ahí desde hace muchos años y Rodrigo Rato y Urdangarín entraron en Telefónica cuando tuvieron problemas), dejan al ciudadano indefenso.

Lo llaman Democracia y no lo es. Es capitalismo salvaje.

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