En la dictadura de los mercados, el discurso de los medios, con apariencia de libertad, discurre por un estrecho cauce: el que permiten los intereses empresariales y las mafias financieras.
Hoy los tertulianos de RNE1 a las 8:45 hablaban de qué partidas de los futuros próximos presupuestos generales habría que respetar y cuáles se podrían podar. Casualmente en ningún momento apareció, ni en uno ni en otro caso, una partida tan importante como el gasto militar. En Italia le han metido un buen bocado, lo que quiere decir que no es intocable, pero los “tertulianos” no quieren mojarse, saben que su papel es crear opinión, no informar. El País de hoy trae un ranking con las grandes empresas de la industria armamentística y de las once primeras, ocho son de EEUU. En España, que también tienen su pequeña parcela, hay varios “Institutos de Estudios” que son realmente lobbies de esas industrias.
Los medios comerciales reivindican con frecuencia la libertad de expresión (de sus propias empresas, se entiende). Si estuviesen al servicio de sus audiencias, reivindicarían la libertad de información, pero en la próxima entrega de Wikileaks ya no estará ninguno de los grandes medios que difundieron la anterior. Está claro que les han tirado de las orejas. En España lo hará el diario Público que acaba de cerrar su edición impresa por falta de financiación.
Con Internet o sin ella, el control de la información está en el mismo sitio que el del dinero.