Archivo para 4. Junio 2010

El mito del pacto de Estado

Joaquín Estefanía se lamenta hoy en un largo artículo en El País, de la erosión de la confianza y del bienestar en España que está provocando “en la ciudadanía una especie de nihilismo, la anomia de su intervención pública; en definitiva, el desafecto, que es una de las condiciones para que disminuya la calidad del sistema democrático”. Para solucionarlo pide “un compromiso histórico entre las fuerzas políticas y sociales en torno a las iniciativas indispensables para el saneamiento y la reforma de la economía española”.

El mito del pacto de Estado es una estrategia del poder, publicitada por los medios informativos, destinada a desviar la atención de los principales problemas,  porque no puede resolver nada.

Lo primero, porque los problemas de la economía española vienen inducidos, en gran parte, por decisiones externas. El sistema económico neoliberal está pensado para anular al poder político. Para que los ricos se coman a los pobres, para que los países ricos dominen a los países pobres y, sobre todo, para que unas minorías privadas y anónimas gobiernen el mundo. Gran parte de ellas están hoy en Sitges, parece que Estefanía no está invitado, aunque no se sabe porque tanto los participantes como sus opiniones permanecerán en secreto. Montilla podría resolver hoy gran parte de los problemas mundiales, ya que la policía catalana está escoltando, con dinero público, esta reunión clandestina; que los detenga y que se los entregue a la justicia española, que con su tradicional parsimonia, los irá soltando poco a poco sin encontrarles cargos pero, al menos, habremos estado tranquilos un tiempo sin la actuación de estos malvados y sus cómplices.

Lo segundo, es que aquí un pacto de Estado no sirve para nada. Las medidas que está tomando el gobierno de Zapatero, y que él mismo considera injustas, han sido impuestas desde el exterior. ¿Para qué se quiere un pacto de Estado?. Sería un brindis al sol, porque los partidos mayoritarios no lo son porque representen a una mayoría de los españoles, sino porque la ley electoral les ha concedido esa prebenda. Los españoles estamos hartos de que unos procesos electorales injustos y unos medios de comunicación volcados en la legitimación de esa injusticia, concedan mayorías a dos partidos con parecidas políticas económicas. Ese es el problema del bipartidismo, que consigue dos partidos mellizos para que se vayan turnando en el poder y se mantenga el sistema, mientras aumentan la abstención y la corrupción.

Con un sistema político fuerte y legitimado democráticamente se resolvería el problema de la justicia y, a partir de ahí, el de la corrupción. Esto, a escala global, supondría la reforma de la ONU y su legitimación democrática, la supresión de los paraísos fiscales y el control o desmantelamiento de las mafias financieras que tienen secuestrada la economía de los países.

El pacto de austeridad que propone el ideólogo económico de El País es lo de siempre, otra medida para que los pobres se sigan apretando el cinturón y los ricos sigan engordando, mientras se le echa la culpa a los partidos (que la tienen, aunque no toda).

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