No seré yo quien pida la disminución de la publicidad para favorecer a las privadas (no se plantea para favorecer al espectador), pero si pediría más respeto al espectador en las interrupciones de programas dramáticos y sobre todo en las incrustaciones de promoción.
Lo que no puedo entender es que una televisión pública subordine las ediciones importantes de los informativos (15 y 21h) a la retransmisión de eventos deportivos. Esto sólo puede ser por criterios económicos.
Tampoco puedo entender que se dedique un telediario completo a un suceso (un accidente de aviación, por ejemplo) porque el contenido, para llenar tanto espacio, deja de ser informativo para convertirse en el propio de un programa “del corazón”, donde no se busca tanto informar (no hay información suficiente) como emocionar en beneficio del espectáculo.
Sabiendo que la mayor parte de los españoles se informan sólo a través de la televisión (65% reciben todos los días las noticias en televisión, un 30% en la radio y un 15% en los periódicos), si la información no es prioritaria en televisión ¿en qué se nota que es un servicio público?
El antiguo lema “informar, educar y entretener” hace mucho que perdió “ educar” y, por lo que se ve, va decayendo “informar”; a este paso, pronto se transformará en “entretener y hacer caja”.